¿A qué huelen los recuerdos?
El día había sido agotador en el trabajo y el regreso al piso en metro no había sido mejor. Al abrir la puerta, Martina dejó el maletín y la chaqueta sobre el sillón vintage de la entrada y fue hacia la cocina, donde se preparó un sándwich que se comió de camino a su dormitorio. Al entrar, dejó el móvil cargando en la mesilla de noche y se bajó, por fin, de sus elegantes, pero incómodos, tacones. Pizpireta se dirigió descalza hacia el baño para abrir el grifo de la ducha. Mientras se deshacía de la ropa, el baño se fue llenando pronto de vaho. Cuando el agua ardiendo empezó a caer por su pelo y fue bajando por la delicada piel, sus músculos se fueron destensando. Aquello era, sin duda, lo mejor del día, así que se relajó bajo el chorro olvidándose del lanzamiento de su próximo proyecto, los detalles de última hora y, como no, la presión continua de su jefe. Se quedó así unos minutos dejando que el agua, gota a gota, recorriera su cuerpo. Al igual que en el trabajo, Martina era muy o...